jueves, 8 de febrero de 2007

Para repasar # 4

«Aprendamos idiomas» (Febrero 2 al 8)

Estudiar, una palabra a la que hay que hacer caso más seguido...

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miércoles, 7 de febrero de 2007

La biografía

En menos de 24 horas y a través de un amable mensaje de correo electrónico, Chris de «Amazing Change» me autorizó publicar la traducción de esta biografía, relacionada con el mensaje de ayer. Thank you, Chris!

William Wilberforce


William Wilberforce nació en Hull, Inglaterra, en 1759, y fue elegido miembro de la Cámara de los Comunes a los 21 años. Durante su tiempo en el Parlamento, Wilberforce dirigió la batalla política para abolir la esclavitud y el comercio de esclavos en el Imperio Británico.

Introdujo numerosos proyectos de ley en el siglo XVIII y a inicios del XIX, los cuales fueron derrotados. Con la esperanza de persuadir al gobierno británico de apoyar la abolición, Wilberforce y sus compañero abolicionistas peinaron Inglaterra, recolectando evidencia de los crímenes de trata de esclavos. Como parte de su esfuerzo, Wilberforce recogió 390,000 firmas de ciudadanos británicos que apoyaban la causa antiesclavista.

Finalmente, tras 20 años de lucha, Wilberforce vio el fin de la trata de esclavos británica, cuando su proyecto de abolición ganó por una gran mayoría, en 1807. Veintiseis años después, tan solo tres días antes de su muerte, la esclavitud fue abolida también en todas las colonias británicas. A pesar de padecer enfermedad crónica y repetidas derrotas de sus proyectos antiesclaavistas en el Parlamento, Wilberforce persistió en su misión de abolir la injusticia en el mundo. Por su resistente valor y convicción, Wilberforce se ganó el título de «La conciencia del Parlamento».

Traducido con permiso de «Amazing Change».

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martes, 6 de febrero de 2007

Wilberforce y la «Sublime gracia»

Cuando el mundo era nuevo y yo era más joven, descubrí un país de fantasía llamado Noruega, tierra de aventureros y navegantes que vio partir mil y un barcos vikingos a la conquista de nuevas y lejanas tierras, tan lejanas como Terranova en el actual Canadá, dice la historia, así que Don Cristóbal... Don Americo, no sé cómo decir esto, pero... este continente debería llamarse «Vinland».

Por aquellos tiempos (de mi descubrimiento personal, no el de los vikingos viajeros), conocí a una persona sorprendente que amplió mi perspectiva de la vida cual abanico en temas tan poco probables sobre los que yo estuviera documentada como son la política, las relaciones internacionales y la legislación internacional en materia de protección ambiental. Por supuesto, me refiero a Lars Rise, a quien algunos pocos de mis amigos y familia también conocen. En ese tiempo, Lars era miembro del Stortinget (Parlamento Noruego) en los comités de Energía y Ambiente así como el de Asuntos Internacionales, a la vez que era uno de los representantes por Noruega ante el Consejo de Europa. Una de las cosas que Lars me enseñó fue la perspectiva de un cristiano en la política y las múltiples funciones que éste puede cumplir como discípulo, llevando el nombre de Jesús «a las naciones y sus reyes», con un énfasis especial en estos últimos, al referirse a los gobernantes de los países modernos, en un paralelismo con el llamado del apóstol Pablo.

Hablo de esto porque el fin de semana fui al cine y muy cerca ya de la temporada de estrenos importantes, entre los tantos trailers de las nuevas cintas que prometen traer diversión a esta cultura de consumo, apareció uno que hizo literalmente que se me erizara al piel de emoción. Se trata de «Amazing Grace»*, a estrenarse por estos lares el 23 de febrero, y que narra la historia de William Wilberforce, el político británico que desde finales del siglo XVIII hasta su muerte, luchó en pro de la abolición de la esclavitud y la trata de esclavos en Gran Bretaña y sus colonias.

Lars Rise fue el primero que me narró la admirable historia de Wilberforce y sus amigos, y su decisiva y tenaz lucha (así como sus sorprendenetes logros) en contra de la esclavitud y del comercio de esclavos en Gran Bretaña.
En realidad, como mexicana, jamás había oído la historia ni el nombre de Wilberforce. Siendo honesta, tal vez lo leí por ahí en alguno de los muchos libros y enciclopedias que acostumbraba devorar desde que sé leer (bastantes años ya...), pero tengo que admitir que mi única referencia sobre la lucha por abolir la esclavitud descansaba en mi escasísimo conocimiento sobre el general Toussaint L'Ouverture, el que adquirí una mañana de lunes, cuando estudiaba la primaria y tuve que leer y aprender la mini biografía del héroe haitiano para recitarla durante las efemérides de la ceremonia patria (los que estudiaron en México saben de lo que hablo).

Es sorprendente que, buscando información en Internet para vincularla a este mensaje y que puedan ustedes tener una idea de la vida de ese hombre ejemplar, ¡no encontré una sola biografía en español de William Wilberforce! Estoy en proceso de conseguir la autorización para traducir y publicar en este blog una breve biografía que encontré en la página «Amazing Change». Mientras tanto, no hay muchos lugares a donde los pueda dirigir, excepto a la biografía en inglés que se encuentra en Wikipedia. Solo mencionaré que entre los amigos de Wilberforce se contaba John Newton, antiguo tratante de esclavos convertido al cristianismo, famoso por ser el autor del himno «Sublime gracia».

Me anima que Hollywood produzca filmes sobre gente como Wilberforce. Me anima a creer que todavía es posible vivir la vida cristiana más allá de las paredes de una iglesia, en un compromiso real con la gente que sufre, como diría RESCATE, «fuera de las casas, fuera de los templos y a la calle». Es una lección para todos. Es una lección para mí.

El próximo domingo 18 de febrero, cientos de iglesias a lo largo del mundo estarán cantando unidas el amado himno de John Newton, como una forma de agradecer a Dios por la abolición de la esclavitud, orar por que cese el racismo y para comprometerse a liberar a los hombres, mujeres y niños que hoy día son todavía víctimas de la esclavitud. Si asistes a una iglesia y te interesa esta información, en este enlace puedes leer sobre el «Amazing Grace Sunday» y la campaña «Amazing Change».


* «Sublime gracia», el nombre de la película, es el título en español del histórico himno que lleva ese nombre, pero desconozco el nombre que vayan a ponerle en español o si la cinta estará en exhibición en Latinoamérica. Sospecho que sí porque ha participado en varios festivales cinematrográficos, entre ellos, el de Toronto.

Algunos enlaces sobre la lucha en favor de la abolición de la esclavitud en el mundo e información sobre la esclavitud en nuestros tiempos:

  1. Fin de la esclavitud
  2. Toussaint L'Overture y su ejército de esclavos
  3. Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud (ONU)
  4. Una vieja forma de esclavitud
  5. La esclavitud en el siglo XXI (por Jorge Ramos)
  6. ¿Por qué la Biblia parece tolerar la institución de la esclavitud? (Breve nota sobre Wilberforce al final)

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domingo, 4 de febrero de 2007

¿Bernabé, dónde estás?

Todos necesitamos un Bernabé.

No, no me malinterpreten. No me estoy refiriendo al de Burundanga y Celia Cruz. Quiero decir... un Bernabé como el compañero de luchas del apóstol Pablo, cuyo carácter y actitud le ganaron el honroso sobrenombre de «Hijo de consolación» (o exhortación).

José (alias Bernabé) era un hombre libre de prejuicios y de orgullo, que no tuvo problema en aceptar a gente que parecía diferente. Fue uno de los que donaron propiedades para entregar lo obtenido, a fin de que todos en la iglesia tuvieran lo necesario para vivir. Cuando todos dudaban de Saulo, fue él quien lo trajo con los creyentes y les explicó su transformación radical de frenético perseguidor de cristianos a humilde servidor de Jesucristo.

En las etapas tempranas de la iglesia cristiana, abrió brecha para que los gentiles (creyentes no judíos) fueran aceptados en la congregación y sentó las bases para lo que más adelante sería el ministerio del gran apóstol Pablo. De hecho, Bernabé fue originalmente el líder de los viajes con Pablo, y su humildad fue tal, que la transición del liderazgo a Pablo se pudo dar sin mayor problema. Bernabé mostraba tal misericordia que estuvo dispuesto a separarse del trabajo con Pablo con tal de dar otra oportunidad a un joven inmaduro llamado Juan Marcos.

Se le describe como un «hombre bueno y lleno del Espíritu Santo», y que «arriesgó su vida por el nombre de Jesucristo».

Respecto a los «Bernabé» modernos, hoy mi pastor estaba hablando sobre cuánto son necesarios, principalmente por los siguientes puntos:

  1. Todos necesitamos que alguien nos cuide las espaldas. A veces no podemos ver lo que en nuestras decisiones y acciones, tiene el potencial de dañarnos o revertirse en nuestra contra. Un Bernabé nos advierte, nos da su punto de vista o su consejo sabio, para evitarnos un dolor futuro.
  2. Necesitamos alguien que pelee por nosotros. Algunas ocasiones, nos encontramos tan lastimados o débiles, que no podemos ponernos en pie para enfrentar circunstancias difíciles. Un Bernabé está ahí a nuestro lado, peleando por nosotros, mientras nos recuperamos.
  3. Necesitamos amigos, alguien con quién hablar, reír o llorar.
  4. Necesitamos gente que se preocupa por lo mismo que nos preocupa a nosotros.
Yo quiero ser un Bernabé. Pero también necesito alguno. ¿Bernabé, dónde estás?

Enlaces interesantes sobre Bernabé:

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sábado, 3 de febrero de 2007

Una bufanda muy soñada

En cuanto lo vi en ese anaquel de «OK» —en aquel entonces la única tienda de supermercado en San Petersburgo, Rusia— me enamoré de él. Azul plúmbago matizado, textura super suave, hecho en Finlandia, justo para una bufanda hermosa que yo misma tejería y luciría muy pronto. En aquella oportunidad me llevé dos madejas, no fuera a ser que a media bufanda se me acabara el estambre, y ni modo que fuera a volar a San Petersburgo solo a conseguir más. Ese fue el principio del sueño.


















La realidad es que el estambre se quedó guardado en la casa de Alicante por meses y meses, que hasta hace un mes se convirtieron en tres años. Como saben quienes me conocen, no soy tan afecta a tejer y cuando lo hago, tejo tan apretado que la cosa termina pareciendo un tapete. En fin, acá conocí a una amable compañera de oficina que es un primor tejiendo cosas, y ella dijo que podría orientarme sobre como tejer mi soñada bufanda. Me prestó las agujas adecuadas y yo me traje el estambre desde México en el último viaje.

Oficialmente iniciaríamos el tejido los últimos días de la semana pasada, justo cuando mi mamá arribó a Spring. Yo estaba entusiasmada con la idea de crear mi propia bufanda, pero mi entusiasmo no fue tan rápido como las manos de mi progenitora, que tomaron las agujas y teje que teje, en menos de siete días produjeron el milagro, la realización del sueño: mi nueva bufanda.


















Acá sigue haciendo frío, de modo que aún viene bien para salir por la mañana a la oficina, o incluso, a la salida del trabajo. «Por angas o por mangas», yo la vengo usando desde hace tres días. ¡Simplemente me encantó y no quiero soltarla!
Y no la suelto porque me dejó un pedacito de mi mamá para disfrutarlo y tenerlo conmigo. Ella se fue hoy de regreso a casa. Ya incluso hablamos por Skype sobre su viaje, el vuelo demorado, las turbulencias y todo ello. Pero yo tengo mi bufanda acá, enrollada en el cuello, y su suave textura es como un abrazo de ella.

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¡Santo cielo! ¡Me traje las pantuflas!

¿Les sucedió en su infancia que, en lo profundo de su sueños, se hallaron en la más absurda de las situciones mientras realizaban alguna actividad normalmente inocua como asistir a clases, caminar por la calle o ir al supermercado?

Todo parece normal: los lugares, las personas; todo parece transcurrir sin novedad hasta que... mientras te pones en pie para responder la pregunta del profesor —¡santo cielo!—, miras hacia el piso y descubres que estás descalzo, en pijama o mucho peor, ¡en ropa interior!

Bueno, algo parecido me sucedió recientemente. Sandy, una de mis amigas de la oficina de Monterrey, estaba en la ciudad por unos meses y comenzó a asistir a Northwood algunos domingos. Ese día en particular, pasaron por mí y tuve que salir corriendo para llegar a tiempo al servicio de la iglesia. Creo que éste había comenzado ya cuando entramos, pero todavía había lugares al frente, y como nos gusta estar en un lugar donde podamos ver toda la acción, nos fuimos derechito para allá. Comenzamos a integrarnos en la dinámica de la música de alabanza, que es tan especial cada reunión. Yo palmeaba al ritmo, sintiendo profundamente lo que cantaba, con mi corazón tan agradecido a Dios por su amor, cuando, repentinamente miré hacia el piso y descubrí dos grandes manchas rojas sobresaliendo al final de mis pantalones. Algo no estaba bien.

Miré a Sandy, miré mis pies, incrédula. Volvía a mirar a Sandy, quien repentinamente me dirigió una mirada extraña, como preguntando qué me pasaba. ¿Qué me pasaba? «Amiga, ¡me traje las pantuflas puestas!». Sandy miró hacia mis pies y dijo:«No se ve mal...».

En realidad, mis pantuflas no son tales, solo son un par de zapatos abiertos de atrás, muy cómodos y forraditos con tela, con una orilla tejida en el empeine, pero que me parecieron demasiado folklóricos para usarlos en la calle, y demasiado baratos como para dejarlos pasar. De modo que los compré y los adopté como pantuflas, de tal suerte que me esperan cada día bajo mi cama en la mañana, y junto a la puerta cuando regreso de trabajar. Como todo calzado que cumple con dicha función, los pobres ya están gastados y un poco manchados, pero dado que son tan cómodos, los uso diariamente. El problema justamente radica en que su comodidad los hizo pasar prácticamente inadvertidos en mis pies cuando salí corriendo esa mañana, luego en el auto y finalmente, todo el camino desde la puerta del templo hasta la banca del frente.









¿Qué haces cuando te das cuenta de que tus pesadillas se hicieron realidad, y estás en medio de la gente, no solo en un lugar público, sino justamente en la banca del frente en la iglesia, y usando tus pantuflas rojas?

Por supuesto, haciendo de tripas corazón, traté de que pasaran inadvertidas para el resto de la gente, lo cual pareció funcionar muy bien, porque ese día vestía alguna blusa que combinaba y al parecer, la gente no reparó en mis zapatos coloridos. En realidad, yo era la la única que sabía que eran las pantuflas lo que traía.

Mis pantuflas se parecen a los aspectos que cada quien sabe de sí mismo y de los que, por alguna razón, se avergüenza: el origen, la educación, los malos hábitos, los antecedentes familiares, traumas del pasado, fracasos por malas decisiones, _________________ (espacio para rellenar con lo que sea que te avergüence de ti mismo). Creo que muchos andamos por la vida tratando de no hacer evidente alguna cosa de nosotros mismos sobre la que tenemos dudas. Allí es donde tiene su asidero la odiosa actitud del «¿qué dirán?». Inseguridad, baja autoestima, complejos, llámenle como quieran. Están presentes en la vida cotidiana, y los descubrirán estorbando nuestras decisiones, saboteando nuestras relaciones y arruinando nuestras perspectivas para el futuro.

Descubro que hay «pantuflas» imaginarias: solo están en nuestra cabeza y por supuesto el resto de la gente ni las ve. Las otras, las que tienen la potencialidad de ser vistas, podrían clasificarse en dos grupos: las que causan poca o ninguna molestia a los demás y las que pueden meternos en problemas. Me imagino que requiere algo de trabajo identificar cada pantufla y ponerla en el lugar que el corresponde. Pero creo que también requiere algo de trabajo personal mirar las de otros y mostrar misericordia en vez de molestia. A fin de cuentas, es proceso entre cada quien y Dios desechar un viejo par de pantuflas.

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viernes, 2 de febrero de 2007

Para repasar # 3

«Aprendamos idiomas» (Enero 26 a febrero 1º)

Du skal ikke treffe intet her!

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