lunes, 3 de septiembre de 2007

Hay una respuesta / No te rindas

Reedito esta entrada porque resulta que «No te rindas» está nominado en los Premios ARPA de este año en la categoría de DVD/Cortometraje/Largometraje, y «Hay una respuesta», como «Canción del año».

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Había olvidado mostrarles esto.


Como parte de la campaña de concientización sobre el VIH/SIDA «Tú eres la respuesta» de la organización hispana Esperanza USA, trabajamos en el cortometraje «No te rindas». El disco «Hay una respuesta» es un compilado de temas ofrecidos para este fin por gente como Michael Rodríguez, Alex Campos, Jez, María del Sol, RESCATE, Coalo Zamorano, Marcos Witt, Julissa y otros. Aquí está el videclipo del tema del disco (con escenas del cortometraje), interpretado por Marcos Witt, Yuri, Ricardo Montener, José Luis Rodríguez «El Puma», María del Sol, Rodrigo Espinoza y Julissa.

La página de María del Sol tiene un link con información referente a la campaña, el cortometraje y el disco.



Aquí pueden ver los cortos del... «corto».

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domingo, 29 de julio de 2007

Frente a frente

Platycnemis pennipes, caballito del diablo de patas blancas,
fotografiado por Walwyn en Flickr.

Sucedió ayer, que por fin pude disponer de un tiempo para darme un chapuzón. El clima era perfecto: un cielo azul, algunas nubes y un sol radiante.



>> Hice mis preparativos: me embadurné de bronceador gradual el cuerpo, bloqueador para la cara, mis lentes negros, una toalla de colores, mis chancletas y me salí a disfrutar. Nada más meterme al agua y sentir la frescura valió toda espera. Es frustrante cuando esperas refrescarte y el agua está tibia, casi caliente. En este caso, todo fue perfecto, incluyendo el revoloteo de una pequeña visitante.

Me interné en el agua hacia uno de los extremos de la alberca, y cuando di vuelta para dirigirme al otro extremo, la vi. Ahí, balancéandose grácilmente en el aire sobre lo que para ella debe ser un océano, revoloteaba una libélula blanca: iba, venía, trazaba círculos, regresaba al punto A.

Para ustedes será novedad, pero me encantan las libélulas, sobre todo aquellas que son más delgadas, con destellos azules o verdes, que en inglés se conocen como damselfly o bluet (a diferencia del dragonfly, que es la libélula grande, cuyos dos pares de alas son perfectamente identificables a primera vista). Mi libélula, entonces, no es propiamente una de ellas, sino lo que llaman «caballito del diablo» (
...por cierto, ¿quién les puso ese nombre horrible?). Era blanca, una especie de nubecilla solitaria flotando sobre el caribeño y azul mar. Al estar yo inmersa en el agua, casi a su altura, pude percibir sus dos pares de alas moviéndose vertiginosamente, trazando una perfecta X nebulosa, resultado de batirlas a gran velocidad (Tip para Apple: Dejémonos de felinos. Su siguiente sistema operativo podría llamarse OSX Bluet, porque justo la X del décimo sistema operativo de Mac fue lo que me recordó ver volar a la libélula). No se me ocurrió ponerle nombre, pero en ese preciso momento la sentí muy mía, mi mascota personal que me seguía a todos lados en la alberca, porque casi fue así.

Foto por Az~Kate en Flickr.

Traté de pasar inadvertida, o al menos, de perturbar lo menos posible su vuelo, su danza de perfecta sincronía, su reconocimiento del terreno al quedar estática flotando en el aire, a unos 20 cms del agua.
Sé que algunos insectos, abundantes en este temporada veraniega, han hallado en las piscinas un medio ideal para refrescarse. He visto las grandes avispas revolotear, buscar un buen sitio (no sé en qué se basan para elegirlo, porque toda la superficie del agua se ve igual) y descender para posarse en el agua, reponer combustible en algo así como diez segundos y emprender de nueva cuenta el vuelo.
Aquí entre nos, las avispas han de estar habituadas al agua clorada, porque no remilgan y se la llevan igual. Justo al entrar a la alberca, una avispa hacía su hábil y elegante acuatizaje. En este contexto, me figuré que Damselfly —la estoy bautizando en este momento—, mi libélula que no es libélula, iba tras eso mismo y que buscaba un «claro» en el agua para bajar a beber, de modo que me hice aun lado, para no hacer olas y dejarla buscar un sitio apropiado. Pero no bajó. Se conformaba con revolotear su blanca X por el centro de la alberca. Una vuelta, dos vueltas, un giro repentino en otra dirección, estática sobre el mar, mi pequeño helicóptero de alta tecnología, solo para mí. Por treinta minutos, solo para mí.

Como la idea era nadar, tuve que alejarme y regresar, tratando de no perturbar mucho a la visita. Me sorprendió yéndose a la orilla, apostada grácilmente en una red que sirve para sacar las hojas del agua. Si yo me acercaba a propósito, ella solo se levantaba y se recorría en el aire cuatro centímetros hacia atrás, pero no se iba. Quizá vio que le di su espacio al principio y quiso hacer lo mismo.

De repente se desaparecía, y cuando ya estaba yo pensando que simplemente el juego había terminado, ya estaba otra vez ahí, volando sobre la alberca. Los que me conocen saben que tengo miopía y que para ver correctamente utilizo un par de anteojos (por alguna razón extraña, los lentes de contacto no han vuelto a hacer su nicho en mis ojos), de modo que pueden imaginarse mi frustración, porque yo quería observar bien a Damselfly, quería ver sus detalles, la maravilla de su bioingeniería. ¿Cómo hace ese pedacito de carne para mantenerse inmóvil en el aire, sostenida solamente por un par de membranas transparentes, que se agitan a gran velocidad? De modo que con todo sigilo, me dirigí a la orilla a tomar mis lentes. Ha de verse uno gracioso nadando con anteojos...

Me aposté justo frente al sitio donde Damselfly descansaba, parada en la orilla de la piscina. Deben saber que los insectos como ella, aunque poseen tres pares de patas, por la disposición frontal de las mismas no pueden caminar; son sus instrumentos de caza y por supuesto, para descansar. Sumergí casi la mitad de la cara en el agua, con tal de no sobresalir demasiado y que no se asustara. En otra oportunidad ya tuve un encuentro cercano con un caballito del diablo en esa misma alberca, uno de destellos azulados, que me observaba como un ente amenazante y sus movimientos defensivo-ofensivos lo probaron. Pero Damselfly estaba atrapada por la curiosidad igual que yo. Se quedó paradita ahí, observándome surgir del agua, una cabeza mojada de cabello negro, con un par de anteojos. No se asustó. Se limitó a ponerse de frente a la criatura extraña que así se le presentaba. Pude ver su cabecita, coronada por unos vellos que parecen antenas diminutas, la mandíbula perfectamente delineada, sus seis patitas, que también tienen una especie de vellos, y sus grandes, redondos, globosos y maravillosos ojitos, que me observaban con atención. Nos quedamos así como por un minuto o un par de minutos, observándonos mutuamente. Ni ella se movía, ni yo.

Después de un rato me golpeó el raciocinio, y pensé si no me vería ridícula conviviendo con un insecto, de modo que retomé mi ejercicio. Pero Damselfly seguía ahí, impávida. Fue hasta que bajé el colchón inflable al agua que ella revoloteó sobre el agua un rato y desapareció. Tal vez pensó que me había aburrido y decidió que ella estaba aburrida también. Yo que tenía la esperanza de que, como un lejano pariente de ella —una libélula verdadera— hizo hace unos meses, se parara a descansar en el dedo gordo de mi pie izquierdo...

Estuve tomando el sol sobre el colchón un rato, pero, a decir verdad, ya no fue divertido. Ni cuando regresé al agua y quité el colchón de la piscina. Damselfly ya no estaba.


Mas información sobre estos sorprendentes y fascinantes insectos:

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domingo, 8 de julio de 2007

El pueblo del maíz

Sin duda, mi pueblo mexicano es el pueblo del maíz. Ha sobrevivido por generaciones a base de ese noble cereal, con el cual ha producido numerosos y deliciosos platillos, con la tortilla como uno de los más importantes elementos.

Todo este comentario surgió porque Bárbara, de Buenos Aires, me dijo que había conseguido harina de maíz y que estaba probando hacer tortillas. Le di mis más sabios y prácticos consejos y le sugerí platillos en los cuales usar sus deliciosas creaciones... le pasé enlaces y más enlaces con fotografías y videos, para que se diera idea de la consistencia que debe tener la masa, la apariencia final de las tortillas y cómo se les usa... hasta que me dijo que el paquete decía que había comprado «semita de maíz». ¡Ni yo sé qué es eso!

Entre tanta búsqueda, encontré este lindo video sobre un molino de nixtamal, que es el lugar donde se obtiene la masa a base de maíz hervido con cal. Es tradicional en los pueblos y algunas ciudades todavía este modo de obtener la masa para las tortillas, y por cierto, es la masa más rica. Espero que lo disfruten igual que yo. Hagan clic aquí para verlo.

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jueves, 28 de junio de 2007

Prometo solemnemente

Sí, sí... ya sé que no he metido mano en este blog en un buen rato. Prometo actualizar algunas cosas (como el link a YouTube del video de RESCATE) y acomodar otras. Tengan paciencia, un poco más.

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viernes, 25 de mayo de 2007

Vean lo que pocos pueden ver

Literalmente, muy pocos han visto este video, porque Yahoo lo publicó en su sitio de videos musicales, pero la reproducción al parecer está restringida a algunas localidades , bla bla bla.

Bueno, al fin Universal lo puso en YouTube, solo que no deja que uno lo pegue en su blog... ¡bah!

En fin, aquí pueden verlo: RESCATE • Vean • Álbum «Buscando lío», 2007 Universal.

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martes, 22 de mayo de 2007

Un gran ramillete de... ¿epazote?

Hace un par de días, uno de los habitantes de esta casa, de extracción cubana, me sorprendió preguntándome si yo sabía hacer esquites. Por supuesto, debido al alto grado de dificultad para cocinar semejante delicia, le dije que sí. En una ida al supermercado, buscamos por todos lados elote blanco. Estábamos resignados hasta a usar la versión de lata, pero, ¡oh sorpresa! Todas las versiones enlatadas amenazaban con que su contenido era «super dulce».

Definitivamente, nos desanimamos, hasta que descubrimos que podíamos conseguir una bolsa de maíz blanco congelado. No era mi ideal, pero como reza la gran sabiduría tradicional de mi pueblo, «peor es nada».

>>De igual forma, me lancé a buscar el condimento principal de los esquites, que por no ser tradicional de la comida tex mex ni americana —aunque crece en el parque que queda cerca de casa— no es tan fácil de encontrar en las tiendas. Eric —el de la idea— dijo que lo conseguiría al otro día en el supermercado que tiene muchos productos mexicanos.


Al día siguiente, en mi habitual ruta por el parque, decidí que por si sí o por si no, me llevaba un ramito... no, dos ramitos de epazote. Lo seleccioné cuidadosamente, y corté las coronas de sendas plantas enormes y verdes. Lo que anticipé era que, de encontrar el epazote en Fiesta (la tienda), Eric lo compraría pero sería una mísera ramita, como normalmente venden acá las hierbas frescas. Cuando vi lo que compraron casi me voy de espaldas. En la oscuridad, pensé que era una docena de rosas, y cuando voy viendo... ¡era algo así como la cantidad de epazote que carga una indita para vender en su puestito del piso en el mercado! Por alguna extraña razón, así lo tenían en la tienda (yo creo que ni lo habían dividido para su venta) y cuando por fin lo hallaron entre tanta hierba, se los vendieron por un dólar. Bueno, figúrense qué voy yo a hacer con 11 pesos de epazote en el refrigerador.

Ya traté con una lista:

  • esquites
  • sopa de champiñones
  • quesadillas de champiñones
  • quesadillas de queso
  • huitlacoche (¿y ese dónde lo consigo aquí?)
  • chilaquiles verdes
  • frijoles negros
  • sopa de tortilla
  • robalo con epazote
  • té para ahuyentar lombrices

Y párale de contar. Si quieren ver otras, lean esto. El caso es que con esas recetas, tal vez logre agotar el vasto ramillete de epazote, pierda todos los posibles parásitos que tenga en mi sistema digestivo, y adquiera para siempre el fuerte olor de esta hierba, que es el saborizante por excelencia de la cocina mexicana.

Mientras tanto, les contaré que los esquites con maíz congelado resultaron todo un éxito. Me los serví en un vasito y les puse su limón, chile piquín —o la versión popis, Tajín—, hasta un poquitito de mayonesa, ¡y pa'dentro! Ah... por diez minutos estuve en las calles de México, frente a un puestito callejero, disfrutando mis esquites. Luego, regresé a la cruda realidad.


Por pura vergüenza decidí quitar el logo de «Every day in May».

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lunes, 7 de mayo de 2007

El colmo de los colmos


[Escribí esto en el lounge de Continental, antes de abordar el avión, pero hasta ahora puedo publicarlo. Cuenta como escrito el sábado]

Son las 8:24 am. Estoy en el aeropuerto de Houston, en lista de espera para volar a Nashville.

Se supone que salía a las 2, pero se nos ocurrió (a mi alegre comitiva de 3) venirnos desde temprano para tratar de salir en el vuelo de las 8. Solicitud denegada.


>>Había 10 personas en la lista de espera antes de nosotros, entre ellas, una familia con 5 hijos — de los cuales, las cuatro nenas y la mamá lucían vestido similares, largos hasta los pies, solo que en colores diferentes, lo que me hizo suponer que son menonitas o algo así.

El colmo de los colmos es que ayer que estaba en el proceso de preparar mi maleta — a eso de la 1 am— Yoseka se apareció en el MSN y comenzamos a charlar sobre su inminente boda y mi viaje a México, que muy probablemente coincida con tal singular fecha. Cuando le dije que estaba preparando mi equipaje porque volaba a Nashville, solo exclamó —suponiendo que eso pueda interpretarse desde MSN— «¡Yo estoy en Memphis!». De modo que hoy y mañana estaremos en el mismo estado, pero no podremos saludarnos. No pude más que reírme. Casualidades y absurdeces de la vida moderna. Sin embargo, su boda será en Izcalli, nada menos que en el Parque de las Esculturas, el lugar al que de niña iba con mucha frecuencia a los picnics familiares.

No puedo escribir mucho más porque estoy cayendo de sueño... Creo que con esto cumplo con mi cuota de hoy, pero si recibo inspiración más tarde, seguramente leerán alguna cosa más, tal vez en compensación con los días de mayo en que no he escrito nada.

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